Más allá de los mitos: Lo que la historia real nos dice sobre Israel, Palestina, los Árabes y los Persas
Cuando miramos hacia Medio Oriente, es fácil caer en la trampa de pensar que sus pueblos han estado peleando desde el principio de los tiempos por un mandato divino. Sin embargo, la historia nos cuenta un relato fascinante de migraciones, imperios, asimilación cultural y nacionalismos modernos.
Para entender el rompecabezas de Medio Oriente, debemos separar a sus cuatro grandes protagonistas: los israelitas/judíos, los palestinos, los árabes y los persas.
1. Los orígenes de Israel: De cananeos a la Diáspora
La narrativa bíblica cuenta que los israelitas conquistaron la tierra de Canaán tras escapar de Egipto. Sin embargo, la arqueología moderna ha demostrado que los primeros israelitas eran, de hecho, cananeos.
Alrededor del 1200 a.C., en el colapso de la Edad del Bronce, un grupo de la población local en las montañas del Levante comenzó a diferenciarse de sus vecinos. Dejaron de comer cerdo y centraron su religión en un dios llamado Yahvé. Con el tiempo, formaron dos reinos: Israel (al norte) y Judá (al sur).
Tras siglos de conquistas por parte de asirios y babilonios, la identidad judía se consolidó. Más tarde, bajo el dominio del Imperio Romano, una serie de rebeliones judías (entre el año 70 y el 135 d.C.) terminaron en una dura represión. Jerusalén fue destruida, gran parte de la población fue asesinada o esclavizada, y muchos huyeron, dando inicio a la gran Diáspora judía por Europa, el norte de África y Asia. Sin embargo, siempre quedó una minoría judía viviendo en la región.
2. Palestina: El nombre y su gente
Una de las confusiones más grandes es creer que "Palestina" es un nombre moderno o exclusivamente árabe.
El término proviene de los filisteos, un pueblo de origen egeo (cerca de la actual Grecia) que se asentó en la costa de Canaán en la antigüedad. En el año 135 d.C., tras aplastar la rebelión judía, el emperador romano Adriano quiso borrar la conexión judía con la tierra y renombró la provincia de Judea como Syria Palaestina. Desde entonces, la región fue conocida geográficamente como Palestina por romanos, bizantinos, árabes, cruzados europeos y el Imperio Otomano.
¿Quiénes son históricamente los palestinos?
No son simplemente "árabes que llegaron de Arabia". Los estudios genéticos e históricos muestran que los palestinos de hoy son los descendientes de las poblaciones indígenas que siempre vivieron allí (cristianos, judíos convertidos, samaritanos y cananeos) que, a lo largo de los siglos, se mezclaron con griegos, romanos, árabes y turcos. En el siglo VII d.C., con la conquista del Imperio Islámico, esta población local adoptó gradualmente el idioma árabe y la religión islámica (aunque una gran minoría se mantuvo cristiana).
3. Los Árabes: Más que un origen, una cultura
El término "árabe" hoy en día es principalmente lingüístico y cultural, no estrictamente genético.
Originalmente, los árabes eran tribus nómadas de la Península Arábiga. Pero en el siglo VII d.C., tras la muerte del profeta Mahoma, los árabes iniciaron una de las expansiones militares y culturales más rápidas de la historia. Conquistaron desde España hasta las fronteras de la India.
Al hacerlo, ocurrió un fenómeno llamado arabización. Pueblos enteros (egipcios, sirios, mesopotámicos, bereberes en el norte de África y los habitantes de Palestina) adoptaron el idioma árabe y la cultura islámica, aunque genéticamente siguieron siendo los mismos pueblos antiguos de esas zonas. Por eso, un árabe de Egipto, uno de Palestina y uno de Arabia Saudita comparten el idioma, pero tienen historias genéticas muy diferentes.
4. Los Persas: Un imperio aparte (y no, no son árabes)
Un error muy común en Occidente es meter a Irán en la misma bolsa que el mundo árabe. Los persas no son árabes.
Los persas son un pueblo de origen indoeuropeo (más emparentados lingüísticamente con los europeos y los indios que con los árabes). Han habitado la meseta de Irán desde hace miles de años y crearon algunos de los imperios más grandes de la antigüedad, como el Imperio Aqueménida (Ciro el Grande, rey persa, fue de hecho quien liberó a los judíos del exilio en Babilonia).
Cuando el Imperio Islámico árabe conquistó Persia en el siglo VII, los persas adoptaron la religión musulmana, pero se negaron a perder su idioma y su cultura. Mantuvieron el idioma persa (farsi) y sus tradiciones milenarias. Hoy en día, Irán (el nombre moderno de Persia) es una nación predominantemente musulmana chiita, lo que los pone en una rivalidad geopolítica y religiosa histórica con las potencias árabes sunitas (como Arabia Saudita).
La raíz del conflicto actual: Es política, no antigua
Si leemos la historia con atención, notaremos que durante muchos siglos, bajo el dominio del Imperio Otomano (turcos), judíos, cristianos y musulmanes convivieron en Medio Oriente con relativa paz. Había discriminación, sí, pero no un estado de guerra perpetua.
El conflicto actual no tiene 4,000 años. Comenzó a finales del siglo XIX y explotó en el siglo XX. Sus verdaderas causas son modernas:
- El Nacionalismo: En Europa, los judíos, sufriendo un terrible antisemitismo, crearon el Sionismo, un movimiento político para regresar a su tierra ancestral y crear un Estado seguro. Al mismo tiempo, surgió el Nacionalismo Árabe, que buscaba la independencia de las potencias extranjeras. Dos pueblos desarrollaron movimientos nacionalistas sobre el mismo pedazo de tierra.
- El Colonialismo Europeo: Tras la Primera Guerra Mundial y la caída del Imperio Otomano, Gran Bretaña y Francia se repartieron el Medio Oriente. Los británicos, que controlaban Palestina, hicieron promesas de tierras contradictorias tanto a líderes árabes como a líderes sionistas judíos para ganar apoyo en la guerra.
- La disputa por la tierra: Con la inmigración masiva de judíos europeos (especialmente huyendo del Holocausto) y la resistencia de la población árabe palestina que veía peligrar su hogar, estalló el conflicto moderno por fronteras, recursos, derechos civiles y soberanía.
Conclusión
La historia nos enseña que las identidades en Medio Oriente son fluidas, mestizas y profundas. Reducir la región a "judíos vs árabes" o a un "conflicto bíblico de miles de años" es ignorar la historia. El conflicto actual es el resultado de imperios caídos, nacionalismos modernos, líneas dibujadas en mapas por potencias coloniales y el choque trágico de dos pueblos con un profundo amor por la misma tierra. Entender esto es el primer paso para buscar soluciones reales, alejadas del fanatismo religioso.